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'silos solis,alimentarse de luz'
ubicaciòn:milano, italia
proyecto:mario nanni
comprador:Viabizzuno
proyecto luminotécnico:mario nanni
foto:giorgio de vecchi
febrero de 2015, vuelo madrid-bolonia. poco tiempo por delante para un proyecto que tiene que contener mucho: luz, productos, pensamiento y emoción, filosofía, expo 2015, energía, año mundial de la luz, espacio de acogida, proyecto pero no instalación… conceptos que colman la mente de mario nanni. un lápiz pero sin papel. como siempre. en los bolsillos, un juego completo de bolígrafos como recién salido de la papelería, pero ninguna superficie sobre la que escribir. su famosa página blanca, desde la que comenzar cada día un nuevo proyecto es la presa continuamente perseguida en sus jornadas, también de viaje. alrededor sólo cielo y sueño, el ruido de quien ronca a su lado y la falta de espacio para levantarse y buscar en la bolsa. mira el asiento de delante, abre el bolsillo, la bolsita para el mareo:cualquier cosa que sirva de soporte para un nuevo proyecto puede convertirse en una página blanca que cubrir. un trazo, una curva, un signo, después siete: nace silos solis. en el intervalo antes de que los demás se despierten, "silos solis, nutrirse de luz" ya no es sólo una idea: ha adquirido una forma. el proyecto se ha realizado en el marco de una búsqueda vinculada al año mundial de la luz y a la expo 2015 con el título 'nutrir el planeta, energía para la vida'. una fila de siete majestuosos volúmenes cilíndricos, un cono en perspectiva, un recorrido que se propone explorar los valores físicos, estéticos y simbólicos vinculados a una de las realidades esenciales de la experiencia humana: la luz, que desde el renacimiento constituye también una dimensión fundamental del arte. una versión fuertemente contemporánea del antiguo 'splendor solis' (1530 aprox.), el más fascinante manuscrito alquímico conocido. silos solis, modernos contenedores de luz, resultan ser así la traducción física y la más sincera interpretación emotiva de un género de arte y de saber del que este manuscrito ha sido la interpretación máxima; una feliz síntesis en un arduo trabajo de simbolización de conceptos profundos, de pausas y respiros que se nutren de los trabajos de luz de mario nanni. los siete silos de luz se desarrollan como estructuras fuertemente verticales, con una altura de 10 metros por un diámetro de 3,5 metros, conectados entre sí en secuencia lineal para un mejor aprovechamiento de las características sensoriales de cada uno de los temas: tierra, aire, bombillas, sol, luna, agua y fuego. un recorrido de más de 30 metros de los que está siempre visible el punto focal pero no la emoción oculta en el paso siguiente. son objetos a escala urbana que ocultan en sí la atención por el detalle de un objeto doméstico. volúmenes realizados con el hierro dejado al natural, un material que se pueda transformar tanto en la superficie como en el color, porque el paso del tiempo es parte integrante de un buen proyecto, sobre todo cuando no se lo considera un simple montaje. el silo funciona por su forma vertical, que pone en relación el cielo con la tierra permitiendo la entrada del agua por arriba y hacer que la luz natural dialogue con la artificial: del agua a la tierra, del sol a la materia, de la luna a su reflejo. el recorrido vertical de la luz se cruza con el horizontal del espectador. todo ello comienza con un vestíbulo oscuro, comprimido, silencioso: la pausa antes de la inmersión visual y emocional. se abre el escenario: una sucesión de pasillos concéntricos que tienden a cerrarse, reduciendo su tamaño y acentuando el cono en perspectiva, enfatizando la profundidad y la longitud axial del proyecto completo. el primero es el silo de la tierra, porque, como dice el maestro, se comienza siempre por las cosas simples. comenzamos desde donde hemos nacido, desde donde nos apoyamos y desde donde cultivamos la nutrición cotidiana. el suelo se hace de los mil colores de la materia y de las esencias de la comida; el pavimento está formado por centenares de frascos de vidrio de conservas, llenos de especias y de led: luz y comida se funden en un único elemento arquitectónico. la lámpara consistente y ligera del maestro zumthor (barra d'oro) se levanta y desciende como una marea de luz sobre la tierra. se continúa con el silo del aire, donde la ligereza, la blancura, la transparencia, permean el espacio. la luz está en un soplo y se refleja en el piso ventilado y reflectante. el tercer silos es el de las bombillas: un icono y, a su manera, un elemento de vida que en este proyecto forma parte de los elementos naturales. una cascada de n55 en que se enciende una sola e27: la tecnología y la energía, el ahorro energético y la investigación hacen de corolario a la poesía de la luz de la incandescencia. no hay diferencia cualitativa en la percepción de la luz artificial entre las dos fuentes, hasta el punto de que se pueden enroscar y desenroscar según se desee, sustituirlas y vestirlas con nuevas bombillas de vidrio, pero, eso sí, con una sustancial diferencia energética y ética que la n55 encarna en un único gesto: la calidad de la luz de la e27 con el ahorro energético del led. el silo central, el punto de equilibro entre los elementos, es el sol: un espacio en que la luz de la mañana penetra por una hendidura e inunda el volumen refractándose en las mil lentes en cascada sobre una cúpula de latón en el centro del suelo sobre el cual tenderse para sumergirse en el sol. el cono visual es el de la da ma de sir david chipperfield. del macho sol a la hembra luna; en una atmósfera espacial, el lento movimiento de las lámparas invertidas del maestro kuma, las tsukimiso, pauta los pasos del espectador e invita a una atención reverente hacia esa luz lunar que, reflejándose en un espejo, acaba incidiendo en el disco de alabastro: la luna del maestro zumthor. de la luna al agua en una cascada de litros de luz, hasta el silo del fuego, cuyo interior está enteramente revestido de piezas de tela quemada en obra. el olor del fuego y su calor (es el silo cara al sur) llevan directamente al centro de la tierra, al núcleo vital, al cordón umbilical que une para siempre en un ardor de vida. los siete silos: por fuera siete cuerpos idénticos, por dentro siete relatos arquitectónicos distintos; como si fuesen siete personas, siete viajeros mensajeros de luz que puedan, una vez dejada la milanesa via san marco, asentarse en otros lugares, cada uno de ellos gozando de vida propia, capaz de acoger nuevos proyectos, nuevas obras, nuevas funciones… nuevos sueños.

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