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genius loci, roma
ubicaciòn:palazzo della civiltà italiana, roma
proyecto:mario nanni
comprador:fendi
foto:pietro savorelli
el espíritu del lugar, todo lo que este lugar representa, hace vivir y sentir su alma. la poesía de luz ‘genius loci’ de mario nanni es un homenaje al palacio de la civilización italiana y a su espíritu metafísico capaz de transformarse en casa a través de la luz: la nueva sede de la maison fendi. nullus locus sine genio (ningún lugar existe sin un genio), decían los latinos; ningún lugar tiene un alma sin luz. los lugares se ganan su espíritu a través de la historia, acumulando las emociones y las vidas transcurridas en ellos, a través de las acciones de las personas que los habitan, a través de los materiales que los caracterizan: el palacio de la civilización italiana, en su metafísica y silenciosa potencia, con su matérica e imponente presencia en el paisaje romano, se distingue como un símbolo de la magnificencia romana, como el estandarte de la italianidad en el mundo. la obra más importante construida en roma en los últimos 100 años, perfecta expresión de la vanguardia cultural italiana del siglo XX (obra de los arquitectos giovanni guerrini, ernesto lapadula y mario romano), se convierte en un faro y un monumento de la expresividad romana incluso en la oscuridad de la noche, gracias a la instalación luminosa integrada en los arcos de travertino, y se convierte también en un teatro al aire libre gracias a la intervención de mario nanni, maestro de la oscuridad y poeta de la luz, con ocasión de la inauguración de la nueva sede fendi. el trabajo de luz ‘genius loci’ es el fruto de un largo, lento y consciente proceso de percepción del lugar, de los materiales, de la luz y de los signos de lo que este quiere ser y llegar a ser. un recorrido que, gracias a la luz, pasa de ser individual a ser colectivo, en el que el elemento caracterizante es la reconstrucción, en el interior de nuestra memoria, de la historia: lo invisible, que está detrás del lugar, y lo visible, para entrar más profundamente en contacto con la esencia y la existencia de la arquitectura misma. la luz de mario nanni se inspira en los colores y en la perspectiva renacentista, así como en la pintura metafísica: hacer ver lo que no se puede ver, sacar a la luz el detalle, crear en el espectador la experiencia de la revelación… descubrir lo que se ha mirado siempre sin haberlo observado jamás. por eso se llama poesía de luz: porque es un relato, la trama de un lugar a través de su luz. el relato inicia desde abajo, creciendo desde la tierra para elevarse hacia el cielo: surge el amanecer de un día nuevo, una página nueva; el rojo dorado de la aurora ilumina la escalinata monumental, el largo y lento ascenso al palacio. el sol, como marcando el paso del tiempo, cambia su coloración hasta alcanzar la de la luz blanca del mediodía. durante su ascenso aparece un intruso, a la izquierda, que arranca lentamente: un pájaro que se ha perdido durante el vuelo, abandonando la bandada para hacerse pionero de un largo viaje. lleva en sí mismo la lentitud y la pesadez de la fatiga del primero en romper el aire, del que sabe mirar lejos y no tiene miedo de dirigirse hacia el sol; es el símbolo del desafío y de la libertad de pensamiento, la personificación de las virtudes declamadas sobre la fachada del palacio. una bandada lo sigue y lo alcanza hasta colmar la superficie del sol blanco y todo vuelve a hacerse oscuro. el artista celebra de este modo la ancestral necesidad del hombre de conquistar un lugar y de hacerlo eterno de algún modo. desde aquí, nosotros hoy podemos participar en el acto primigenio del nacimiento de una nueva ciudad (monumento), sede y cuna del saber hacer italiano del que la maison fendi encarna los más altos valores. y de la oscuridad surge de nuevo la luz. arquitectónica, estudiada y pensada para el espacio que la aloja. una luz que destaca la materia prima de la manufactura y enfatiza las vistas en perspectiva poniendo de relieve, como la luz en las pinturas renacentistas, la fuerza de la perspectiva de las galerías. una luz artificial que no busca la espectacularización, sino que aprovecha la lección impartida por la luz natural del sol evidenciando las sombras y poniendo el acento en los contraluces. los arcos ‘místicos’, nacidos para simbolizar la civilización italiana, se convierten en inéditos e inesperados contenedores de luz, en sintonía con su función original de resaltar el arte, la literatura, la ciencia y la historia italiana. el ritmo arquitectónico de los arcos está marcado, a la altura de la entrada, por la majestuosa presencia de estatuas, alegorías de las virtudes del pueblo italiano: una luz dedicada a ellas, estudiada específicamente con temperatura de color 5000 K para resaltar el blanco puro del mármol de carrara con el que han sido realizadas, las ilumina frontalmente una a una, ayudando al espectador a identificarlas por el nombre y la simbología que llevan. el relato de luz de mario nanni parte precisamente de aquí, de la revelación mágica y secuencial de las virtudes italianas. la luz blanca sobre la piedra blanca de la iconografía de la pintura: un resplandor de luz después de la oscuridad total. nace una pequeña letra, una p que desde la estatua de la pintura se mueve y desfila a lo largo de los órdenes del palacio hasta llegar a la cumbre, deteniéndose en la p de pensadores. inicia una danza de luz que conecta el orden del piso de entrada con el palacio, dando vida a las estatuas, hasta alcanzar la cumbre de la fachada sobre la que resuena la célebre frase que identifica las virtudes típicas del pueblo italiano. se empieza con la letra p: desde la estatua del genio poético la p viaja hasta la palabra poetas, desde la música la letra m fluctúa hasta integrarse en la m de transmigradores, de la estatua que personifica al artesano nace la a che resalta la palabra ‘artistas’, de la estatua de la virtud heroica a la palabra héroes, de la g que nace de la estatua del genio de la guerra a la g de navegadores: un flujo de palabras de luz que, de abajo a arriba, ilumina por puntos la fachada del monumento como cubriéndola con una lluvia de estrellas… hasta iluminar por completo la inscripción sobre las virtudes del pueblo italiano. el orgullo, la consciencia, el deseo de pertenecer a un pueblo lleno de virtud y también la invitación a reflexionar para conservar y hacer revivir estas capacidades dentro y fuera del palacio. siete segundos de pausa dedicados a esta reflexión: en la oscuridad de la noche, la luz se posa solo sobre el mensaje. sus 87 letras han caído mágicamente como estrellas y se han apoyado sobre la escalinata de entrada en el palacio en orden descompuesto: una sombra de luz las ilumina de manera que no solo sean leídas, sino también rozadas por los pasos de quien se dispone a entrar en el palacio y en esta subida revive los numerosos pliegues de sus significados. el sonido de una cerradura cierra el espectáculo y abre el palacio. devolvemos la luz al palacio, devolvemos la vida al palacio, testigos de las virtudes de las que ha nacido.

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